01 septiembre 2011

Homeostasis


El vientre se te retuerce como un trapo de repasar, las piernas te tiemblan, calambres en lugares extrañamente experimentados, gotas de sudor frio, y finalmente como dice la música: la bolita que te sube y te baja. Hasta que por fin, ¡Al fin! Se desocupa el baño y tu cuerpo es feliz. Sí, esa necesidad inherente a tu metabolismo de mantener el equilibrio. Perdonen el ejemplo pero es la situación desesperante mas cotidiana que encontré para ejemplificar el caos.
“Después de la tormenta viene la calma”
 El trafico se da en horas pico, la turbulencia en túneles de viento, la rinitis alérgica en primavera. Espacios de tiempo que resultan despreciables en relación al todo. La naturaleza siempre tiende a volver a su estado natural: la inercia, la elasticidad, son ejemplos de cómo funcionan las cosas al menos en este Universo. Pero si ponemos patas para arriba el mismo asunto vemos así:
“Después de la calma viene la tormenta” Mucha tranquilidad tampoco es buena, es más! Para mi resulta dudosa. El caos es bueno.
El caos trae pasión, trae arranque, dinamita todo lo que hay para que puedas construir de nuevo. Activa tu lado vivo para desplazar lo inerte de tu rutina conformista y tu atrofiada ganas de lucha. “El amor caos es el motor de la vida” El instinto de salirte del caos te impulsa a seguir viviendo (al fin y al cabo caos y amor son casi sinónimos)
En nuestra frase célebre del día está permitida su inversa. Tormenta, calma. Calma, Tormenta. Es la única manera de poder disfrutar completamente la calma, de una manera tan sensorial como extrahumana y no como estamos acostumbrados, a que sea normal que todo esté bien.


Una vida que se asemeja a una montaña rusa es un signo vital. You’re alive! Es la homeostasis de la vida buscando el nirvana del equilibrio

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